Reportaje

Cortadores de caña migrantes,

entre la pobreza y el desgano

Por: Nelly Fabiola Ocampo de la Torre | 5o. Semestre de comunicación

Historias de trabajadores migrantes hay miles, pero muy pocas toman en cuenta la cuestión administrativa y solo nos dejan con una historia de amor y sufrimiento. Por lo general la humanidad tiene ciertas debilidades hacia los más necesitados. Solemos ver los problemas sociales de una forma romántica y tanto, que cuando nos muestran el otro lado de la historia nos es difícil creerlo y tratamos de aferrarnos a nuestra burbuja de sentimentalismo.

Inicialmente, esta investigación tenía un objetivo claro: demostrar a la sociedad lo que algunas personas sufren para subsistir. En el curso de la investigación no obstante, otros aspectos surgieron revelando otra faceta de la misma realidad que hizo necesario un replanteamiento de objetivos.

Y no es que el esfuerzo de los trabajadores sea falso, al contrario, es sólo que aquellos a quienes vemos como víctimas tienen también su lado oscuro.

Características del lugar

Olintepec, es el Albergue Cañero No. 1 de Tlaltizapán, en el estado de Morelos, que en tiempo de zafra (cosecha de caña dulce) es habitado por cientos de trabajadores jornaleros migrantes originarios, principalmente, de la zona montañosa del estado de Guerrero, quienes deben migrar gran parte del año para tener acceso a los recursos necesarios para sobrevivir.

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Cortadores de caña. Obra de Jorge Cázares Campos.

La mayoría de ellos son acompañados por sus familias, quienes también tienen la necesidad de salir de sus hogares y buscar otras formas de trabajo, para no seguir en la pobreza extrema que padecen.

Este albergue se encuentra en la zona sur del estado de Morelos, es administrado por los ingenios azucareros de Emiliano Zapata de Zacatepec y Casasano de Cuautla.

Los trabajadores que se albergan, están relacionados con cuatro enganchadores, mejor conocidos como cabos. Los cabos son los encargados de reclutar a su gente, negociar con los patrones las condiciones de trabajo y vivienda, del traslado hasta Morelos, fiscalizarlos en el campo y devolverlos a su lugar de origen una vez terminada la temporada de zafra, que por lo regular dura 6 meses (noviembre–mayo); también son responsables del comportamiento de su gente, si surge algún problema, son los mediadores con los administrativos.

Al llegar al albergue los administradores se organizan con los cabos, dividen los cuartos en cuatro secciones; cada una para uno de los cabos y su gente. El cabo es quien se encarga de repartir los cuartos, mejor conocidos como galeras por su aspecto. Los cuartos tienen una dimensión de dos por cuatro metros cuadrados, y cuentan con gas, luz y agua.

Cuando los trabajadores vienen solos tienen que compartir una galera entre cuatro y si vienen acompañados por sus familias se les entrega uno completo.

El administrador tiene la obligación de repartir una parrilla eléctrica, un par de cobijas y un catre por galera y también un machete a cada trabajador.

Condiciones de vida

Es muy triste ver las condiciones en las que estas personas se desarrollan, la pobreza es demasiado visible. Se viven muchos problemas, principalmente de salubridad y alimentación, ya que el salario de los trabajadores no alcanza para mucho; ganan aproximadamente 100 pesos por cada jornada de 12 horas.

Dicho sueldo es una burla, opinan los trabajadores y más si tomamos en cuenta que el corte de caña es un trabajo muy pesado y peligroso, utilizan machetes que deben estar muy bien afilados para hacer el trabajo más ágil, por lo que las accidentes relacionadas con cortaduras en cualquier parte del cuerpo, son demasiado comunes.

El alcoholismo y el robo son otros de problemas que abundan” Dice el administrador general del albergue, quien pide omitir su nombre para ahorrarse problemas. Mientras me contaba unos de los muchos problemas que han surgido.

En una de mis visitas al albergue me pude dar cuenta de qué tan serio es el problema del alcoholismo. Tomaba fotos en la entrada del albergue con varios trabajadores que estaban esperando el camión que los lleva al sitio adonde van a trabajar, eran aproximadamente las cinco de la mañana; justo antes del amanecer. Muchos de ellos ya me conocían por lo cual no había problema con que les tomara algunas fotos, no me di cuenta en que momento llegó, sino fue hasta que escuché sus gritos a un lado, volteé y vi a un señor ya grande de edad completamente en estado de ebriedad, agitando su machete mientras se acercaba a mí y me gritaba cosas, algunas ofensivas.

Sentí pánico, más al ver que el realidad se sentía ofendido de que yo estuviera tomando fotos, él tenía toda la intención de hacerme daño con su machete, sus compañeros intentaron calmarlo, en ese momento yo busqué la manera de moverme de ahí y mejor me subí a un carro donde el no me viera. Ya no pude continuar con mis fotografías y a él no lo dejaron ir a trabajar porque no se encontraba en condiciones adecuadas, incluso podía provocar un accidente contra su persona o contra alguno de sus compañeros.

Demandantes de asistencia

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Obra de Jorge Cázares Campos

Ellos no tienen un día de descanso establecido, así que tienen la libertad de escoger que día ir a trabajar y que día noExplica el administrador-. “El problema no es que descansen, sino lo que hacen en su día de descanso, gastan todo su dinero en bebidas alcohólicas y cuando están ebrios se vuelven muy agresivos con todos, tanto que en varias ocasiones los vecinos han llamado a la policía para que vengan a controlar la situación. Lo peor es que el problema repercute en nosotros ya que es nuestra obligación responder por todas las personas que viven aquí.”

El administrador parece confundido, explica que no puede entender el comportamiento de los habitantes de este albergue, ¿por qué realizar actos que les autoperjudican?

Se han dado muchos casos de robo, por ejemplo se llevan las tuberías de cobre y los cables y para venderlos como fierro viejo. Estos problemas son muy serios ya que afectan a toda la comunidad y resolverlo suele ser tardado porque tanto el gobierno como las asociaciones afiliadas no dan respuestas inmediatas en estos casos.

Esto no quiere decir que todas las personas de la comunidad sean conflictivas, hay muchos que realmente se esfuerzan demasiado para conseguir dinero, si no les alcanza con lo que ganan buscan trabajo en otros lados o sus esposas también trabajan ya sea en el corte de caña o vendiendo cosas. Siempre cumplen con las reglas del albergue y hacen de todo para mantener lo que tienen en buenas condiciones. Sin embargo la mayoría no es así, tal es el caso de la señora Lucía de 66 años que junto con su esposo José, él de 72 años de edad, quienes ya llevan más de 40 años viviendo en las galeras. Este tipo de acciones son las que molestan a los administrativos, el que se adueñen de las galeras y ya no los puedan sacar de ahí.

La señora Lucía junto con su esposo llevan prácticamente toda una vida, ya que viven ahí desde que decidieron casarse en 1976. Han pasado tantas cosas en esta comunidad, como el ver nacer, crecer e inclusive el casamiento de sus hijos. El más pequeño de los hijos esta escribiendo la misma historia que sus padres, se va a trabajar junto con su padre mientras su esposa se queda cuidando a los hijos.

Es curioso ver este tipo de casos como el de la señora Lucia que una vez entrada en confianza me contó que ella ya cuenta con una casa que está ubicada tan solo a unos minutos del albergue, pero no se va a vivir allá por no pagar todos los servicios, pues en el albergue luz, agua y gas son gratuitos.

Este es un problema realmente serio para los administrativos, ya que como la señora Lucia y el señor José hay muchos. El señor José ya casi ni trabaja en el corte de caña, muy rara vez va al campo, él prefiere irse a buscar otros trabajos menos pesados y peligrosos. El problema no es que busque otras alternativas de trabajo, sino que hace uso de los bienes y servicios que le corresponden solo a los cortadores de caña y aparte no solo permanece ahí los 6 meses de la zafra, sino también los otros 6 meses que se supone que ellos tienen que volver a su tierra de origen.

Educación

Los niños de la comunidad cuentan con una escuela que va desde nivel preescolar hasta secundaria. Se encuentra ubicada justo a un lado de la comunidad y cuenta con una entrada directamente desde el albergue para que los niños no tengan que salir a la calle.

Esta escuela es administrada por un programa privado para los trabajadores migrantes y es avalada por la Secretaría de Educación Pública con un programa llamado Niñez migrante. Su ciclo escolar dura lo mismo que la temporada de zafra (noviembre–mayo).

Todos los días a los niños les otorgan un desayuno y apoyo en sus útiles escolares, no tienen gastos en inscripciones o cualquier actividad que se piense realizar.

Algunos maestros se preocupan por las actitudes de los alumnos pero principalmente de los padres que cuando más cosas les otorgan más merecedores se sienten de todo sin hacer nada.

La directora de la escuela y a la vez maestra de 4to año de primaria, clase ala cual asisten niños de 9 a 12 años de edad, tiene una visión un poco abatida al ver que por más que ellos quieran hacer algo por los niños, estos han perdido el interés de superarse en la vida a través del estudio y cuando buscan el apoyo de los padres para pedirles que hablen con sus hijos, que los apoyen más y aconsejen sobre crearse metas en la vida para ser mejores, nunca obtienen respuesta y a veces incluso al contrario: los padres se molestan y dejan de llevar a los niños a la escuela.

Todo esto nos lleva a varios problemas en un futuro próximo, pero el principal y el que puede causar más daño es que los niños están creciendo con una conducta “conformista” y no piensan en superarse. Ya viven con la idea de que cuando crezcan van a trabajar en lo mismo que sus padres (en el corte de caña), adueñarse de una galera y vivir con los “beneficios” que tienen sin pagar luz, agua y gas.

Salud

Leticia Reyna Beltrán, quien desde hace varios años hace visitas médicas continuas a los migrantes para llevar un control de su salud, explica que no cuentan con seguro médico que los proteja si algo llega a pasarles a ellos o sus familias.

Inició estas visitas solamente con la intención de ayudar, nunca pensó en sacar un beneficio de esto. No hay martes y jueves que no vaya a visitarlos, siempre ha actuado de buena fe. Ella no cobra por consultas, ni pide cooperación para medicamentos o cosas que necesite, si no al contrario, ella pone de su dinero para comprar los medicamentos y todo el material médico necesario para una adecuada atención y cumplir con todas las normas de salubridad.

Nunca se debe perder la costumbre de ayudar al prójimo. Vivimos en un mundo donde estamos acabando con nosotros mismos, pensamos solo en intereses propios y somos egoístas, no nos importa el sufrimiento de nuestro hermano siempre que nosotros estemos bien.” Dice.

La situación en el campamento es precaria debido a los factores antes expuestos. Muchos de los trabajadores se han hecho a la idea de que es obligación del otro cuidar de ellos y darles todo lo que necesiten sólo por su condición de pobreza sin que medie de su parte trabajo alguno. Así, prefieren tomar el papel de víctimas de la sociedad, y “ echarse a la hamaca”, lo que además transmiten a sus hijos, quitándoles toda posibilidad de crecimiento a través de la educación.