Discurso sobre la dependencia emocional en el noviazgo*

Por Aylin Valdez Márquez | 3er. Semestre de comunicación, sistema escolarizado

…siento tal nostalgia por ti, ángel amado, que no puedo describirla,

estoy melancólico y triste, quisiera llorar como un niño

y me siento inútil, solo y abandonado.
Maximiliano.

En esta ocasión les hablaré sobre la dependencia emocional en el noviazgo, con el objetivo de lograr un auto conocimiento para establecer una relación de pareja saludable. Fortalecer la idea de que las relaciones de pareja deben estar basadas en la igualdad, el respeto, la confianza y la comunicación. Y que nuestros derechos no se anulan en el momento en que establecemos una relación de pareja.

La dependencia emocional, se desarrolla en relaciones de pareja que se sustentan en la inestabilidad y la desigualdad y es que, uno de los miembros se siente subordinado al otro. El resultado de esa unión sentimental es que el dependiente tenga baja autoestima, se sienta menospreciado y además idealice al otro miembro. No es capaz de terminar la relación porque tiene miedo a sentirse solo, porque considera que no va a encontrar a nadie más que lo quiera y porque carece por completo, o en parte, de habilidades sociales.

Además de todo ello quien sufre la dependencia emocional se identifica porque siempre tiene necesidad de agradar, renuncia a ser él mismo, tiene constante necesidad de atención y cariño, se aísla del resto del mundo al considerar que solo quiere estar con su pareja. “No puedo vivir sin ti” es una frase habitual entre enamorados. Estar enganchado a una persona o a un hábito consume energía, libertad y salud mental. Ese vínculo obsesivo implica angustia, miedo a perder el objeto de deseo y poca capacidad de disfrute ante la vida. ¿Cómo identificar esta dependencia emocional? La persona se aferra obsesivamente a su pareja de la cual depende, demuestra conductas tales como llamar o mandar mensajes en todo momento, su tema favorito de conversación siempre será su pareja.

FSCN8806Se hace tan grande este afecto que incluso que demuestran menosprecio grave, deterioro manifiesto de la relación e incluso malos tratos, tanto psíquicos como físicos. La ruptura ni siquiera se toma en cuenta. Cuando se llega a este grado la persona realmente no quiere a su pareja, la necesita.
Para no caer en esta dependencia emocional debemos aprender a sobrevivir sin lo que creamos que aporta sentido a nuestra existencia. Saber perder es importante para no toparse con la realidad y sufrir en exceso, aceptar que nada es para siempre. “Las cosas cambian, se esfuman y se pierden”, comenta Walter Riso, psicólogo clínico y autor de “Despegarse sin anestesia”.

Para el ser humano es difícil reconocer que tiene un problema, sin embargo, es el primer paso para romper con las barreras que nos privan de la felicidad, y una vez que lo aceptes debes hacer un listado de cosas que te perjudican y has hecho por amor o cariño. Refuerza tu autoestima, hay muchas opciones para hacerlo. No tengas miedo, al final todos tenemos problemas, no son grandes ni pequeños, solo problemas. Como dijo Sidartha Gautama Buda: “Tú mismo, al igual que cualquier otra persona en el universo, te mereces tu propio amor y afecto”.

*Discurso presentado por la autora como examen final en la materia Taller de lectura y redacción II, impartida en el semestre 15-2 por la profesora Gabriela Tapia Vega.

Sobre la importancia de ser un pirata

Por Mishelle Barrera Badillo | 5o. semestre de Comunicación sabatino

Justino, un cantante de regadera y habitante de una pequeña ciudad, se ha dedicado a cantar y tocar la guitarra en el transporte público por años, no siempre ganaba mucho dinero pero hacía lo que le gustaba; en ocasiones recibía monedas que no tenían valor como dinero, posFreddy Von Rush | Diseño gréfico sabatinoeían grabados artesanales y aunque no podía comprar comida o pagar el alquiler con ellas, las guardaba en un jarrón de vidrio azul. Ahí almacenaba también el efectivo de menor denominación, y cuando lo consideraba necesario las separaba y las cambiaba en la panadería de doña Rosita.

Justino vivía solo, no tenía hijos pero su hermana Adela ocasionalmente lo visitaba en compañía de su hijo Sebastián. El pequeño de siete años se divertía mucho con Justino, además de haber entablado amistades con los vecinos del cantante; uno de ellos era Hugo, un hombre gruñón y de cejas pobladas, tanto que no era posible saber a ciencia cierta el color de sus ojos.

Un sábado por la tarde -día en el que descasaba Justino-, compartía un mezcal con Hugo, el cual notó que el jarrón azul estaba bastante lleno de metálicos, sacó algunos de la pieza de cristal y los observó detenidamente; saboreó una pieza, la mordió, y no dejaba de preguntarse de dónde podrían provenir aquellas curiosidades. Pese a dudarlo un momento, guardó algunas en el bolsillo izquierdo de su pantalón sin que Justino lo notara. Terminó su ardiente bebida y se retiró.

Días después, Hugo le pidió al cantante las monedas en cuestión, Justino se negó ya que las consideraba inútiles y no comprendía por qué razón su vecino era tan insistente en poseerlas, el cejón se empeñó tanto en tenerlas que terminó por retirarse a patadas de la casa de Justino. El cantante estaba molesto y a la vez intrigado, una vez que cerró la puerta en la cara de Hugo, dio la media vuelta y tomó en sus manos el jarrón, era más pesado de lo que recordaba, se cuestionó si verdaderamente eran cacharros, o se trataban de piezas de mucho valor. Sin pensarlo dos veces tomó un puñado de cambio y se dirigió a la casa de empeño de Artemio.

Minutos después Adela llegó a casa de su hermano, se sorprendió al verla tan desordenada, gritó hacia el interior -¡Justino! Te dejo a Sebas un rato, no me tardo-, le dio a Sebastián su suéter y salió apurada.

Sobre la mesa y casi iluminado por un rayo de sol, el jarrón azul se encontraba en la orilla del mueble, el pequeño lo tomó y aunque casi se le cae, se fue a buscar a sus amigos con el contenedor azul en sus manos.

FreddyVR2Fue una tarde muy divertida para el pequeño, jugó a los piratas, peleó el tesoro sin igual; pero cuando la discusión abandonó la fantasía y las espadas volvieron a ser palos de escoba, decidieron enterrarlo como buenos piratas y regresaron a sus respectivos hogares.

Adela encontró a Sebastián con la ropa sucia, estaba acostado en el sillón marrón de Justino, lo regañó y se lo llevó sin preguntarse si estaba o no su hermano.

El cantante regresó extasiado a su hogar, sabiendo que poseía una fortuna en aquellos pequeños pedazos de metal que creía inservibles, sin embargo no pudo encontrar el jarrón, llamó al cejón de su vecino y aunque los golpes no faltaron, ellos no eran piratas, ni sabrían donde se encontraba el tesoro.

Mis tardes con Margueritte, un comentario

Por Aylin Valdez Márquez|2o. Comunicación escolarizado

Solemos inventar nuevas historias cuando escuchamos música, cuando estamos esperando, cuando soñamos. Normalmente, nosotros mismos somos los protagonistas, nos sumergimos en fantasías para escapar de la realidad.

Mis tardes con Margueritte nos muestra la realidad de German, desde niño tenía problemas parMis_Tardes_Con_Marguerittea leer o comprender algunas cosas, su madre lo humillaba y le pegaba, sin embargo, al ser adulto encontró diferentes trabajos. Un día, mientras paseaba por el parque, una mujer de 95 años, estaba sentada en la banca de German, entablaron una gran amistad puesto que ella sabía leer y comenzaba a compartirle sus citas favoritas, mostrándole nuevos mundos, nuevos significados.

Imagina a una persona que no podía conocer algo mas que su propio mundo, no tenia un lugar al cual poder ir y despejar un poco la mente.

Es una buena película para descubrir y entender la importancia de la lectura.

Tal vez, alguien necesite de una Margueritte, alguien que le muestre cómo abrir la puerta al magnifico mundo de la lectura y ese alguien puedes ser tú.

Propuesta y elección

Alejandra Anahí Domínguez Flores | 6to Comunicación.

Y si te quedas,
no espero perfección ambivalente
y -mucho menos que menos-
palabras inútiles de amor eterno.

Te prometo en cambio,
cada día
y hasta donde alcancen
estas fuerzas mías,
sendas sonrisas,
sendas de sonrisas
construidas por los momentos más nuestros.

Te prometo luchar por ti y por mí,
lograr que seamos uno,
apreciar cada esfuerzo,
anhelar cuando estés lejos,
y disfrutar tu presencia segundo a segundo.

Si te decides cariño mío,
debo advertirte
que no soy estable,
que mis deficiencias
sean acaso demasiadas,
y que si bien me cuesta mucho amar,
quererte dependerá de ti
y de lo que por mí te preocupes.

Cariño,
no te pretendo exclusivo
ni esclavo,
pretendo que seamos
amigos totales,
feliz compañía para esta vida.

Antes de que decidas,
sostén este afecto
que te anticipo:
ponlo en balanza,
sopesa mí propuesta contra tu soledad,
y esperaré tu correcta elección.

Palabrería*

Saúl Edsel Soto Guerrero | 2o de comunicación, sistema escolarizado

Me hallaba con pavura fuera del salón de clases, incólume después de un bimestre de vacaciones, me sentía harto por los recuerdos que invadían mi mente, por lo que acometí a borrar la sensación de su ósculo en mis labios y en todo mi cuerpo, traté de disipar el amor que todavía guardaba para ella, quería olvidar definitivamente el verano que parecía inolvidable.

Levanté la mir2015-02-04 10.24.14ada y observé por la ventana del pasillo el crepúsculo que anunciaba un nuevo amanecer.

El quid de mi problema es que fui testaferro de una mal nacida que me compró con caricias y sentimientos falsos, máxime tenía una gran deuda que pagar; desesperado, permití resbalar una lágrima por mi mejilla, pues me di cuenta que tenía la esperanza de que ella volviera a mis brazos por amor.

La maestra llegó, así que entre al salón para tomar la clase, pero iba palurdo, pues no me interesaba de ninguna manera mostrar la lozanía que el semestre pasado me acompañaba. Me senté en una banca y la profesora comenzó a exponer los modelos de Lasswell.

Encontré un argot entre mis compañeros que no comprendí, me sentía en una situación desconocida, aunque probablemente el desconocido era yo. Durante el transcurso de la teoría, permanecí cautivo en mis pensamientos y no deseaba ser el ínclito alumno que siempre fui.

Una pregunta dirigida a mi nombre fue la que golpeó mis oídos y me hizo despertar, el tono altisonante de la maestra me formulaba una cuestión muy sencilla que pude haber respondido de forma audaz, sin embargo, decidí cantinflear a propósito, por lo que el celebérrimo del grupo comenzó la burla contra mí.

Estaba muy desanimado porque finalmente tenía un problema que molestaba a mi vida, en realidad, no tenía ganas de tomar la clase, era demasiado para mí. ¡No quería hacer nada!, sólo deseaba tener un consuelo, algo que me llenara de paz y tranquilidad, que me asegurara que mi problema estaría resuelto, verbigracia, morir.

 

Texto desarrollado dentro de la materia Taller de Redacción, impartida por la maestra Gabriela Tapia Vega. El autor busca incorporar nuevo vocabulario a su habla y lo asimila a través de este ejercicio literario.

Mi iluso corazón

Alain Artola Yllescas | 8o. de comunicación escolarizado

Frío toque es tu voz sobre mi piel
con significado turbio y vacío.
Tus palabras no expresan nada pero…
Si en ellas hubiera un sentido oculto,

Algo escondido, un mensaje entre líneas,
una posibilidad disfrazada de nulidad.
Ejercicio de mi iluso corazón.

El sueño de la bóveda

Por Alejandro Mendizábal Cruz | Comunicación sabatino, tercer semestre

Caminaba surcando montones de pastura más crecidos.

Parecía que la montaña se acercaba a medida que caminaba, pero no importaba cuánto apresurara el paso, la imagen seguía inmóvil. Tuvo la sensación de mirar una pintura impresionista, casi como si los colores se combinaran un poco con el fondo celeste.

Lo placentero del pasto en las plantas de los pies fue sucumbiendo ante un repetitivo golpeteo, similar al goteo insistente del agua sobre algún guijarro.

Lo despertó un sonido atronador y estremecedor, repitiéndose una y otra vez. La oscuridad se volcó completa sobre su humanidad, abrió repetidamente los ojos, en caso de que las pestañas estuvieran demasiado pegadas por dormir de más. Nada, solo percibía esa oscuridad abrazante.

Los golpes no cesaban, y la oscuridad fue normalizándose.

Rodríguez pensó que alguna enfermedad lo aquejaba; quizá alguna droga -que hubiese consumido años antes- empezaba a tener efectos colaterales inesperados, incluso escuchó en su memoria a su madre, repitiéndIMG_20141018_134126ole lo abominable que le resultaba el exceso de su consumo de drogas y de alcohol. –Quizá tengo algo de residuos en el organismo… aunque, después de tantos años… no sé-.

Pensó también que podía ser una condición desconocida para él, una de aquellas trilladas experiencias sobrenaturales, o un viaje astral.

Intentó incorporarse, pero sintió el cuerpo entumecido, un dejo de dolor sutil recorría sus extremidades, y el hormigueo empezó de inmediato. –Bien, pensó- solo tengo dormido el cuerpo, quizá llevo mucho tiempo así y se ha dormido. Bien… es cuestión de paciencia-.

El hormigueo es repentino e itinerante y recorre distintas partes del cuerpo, incluso el rostro. Pero no cesa, y la sensación de calidez en las extremidades no llega.

Hace Rodríguez un intento fútil por incorporarse y por mover la manos. Logra, después de decenas de intentos, mover las manos y las descubre llenas de una especie de viscosidad cremosa, casi imperceptible, que les da una sensación de frío. Apenas los dedos y una parte de la muñeca se mueven y buscan intempestivamente encontrar un roce de familiaridad, alguna esquina que estimule la memoria, algún arañazo que resulte reconocible.

Su respiración se agita, empieza a hacerlo de forma consciente y percibe humedad, piensa; quizá hollín y barro, quizá tierra. Los latidos del corazón le avisan lo que en su mente no era, sino hasta hacía unos segundos, una de las pesadillas más lúgubres y espantosas que pudo haber imaginado. Las uñas no funcionan bien, si apenas las tiene al ras de los dedos, que se vuelve imposible asirse de algún objeto… principalrmente porque no hay ninguno.

Los golpeteos han cesado, el corazón le hiere el pecho, las uñas, probablemente ensangrentadas de la presión, se incrustan contra sus piernas queriendo contener la vorágine de sensaciones que recorren su cuerpo entumecido. Los dedos de los pies están empezando a despertar… –carajo, ¿qué me pusieron?, ¿qué pasa… qué pasa…?-

Ni siquiera los pensamientos pueden fluir con claridad mientras el cuerpo no responde. La cabeza se siente pesada, el mareo ya está aquí, y la oscuridad apabullante parece más pesada. –Ok, ok, tengo que relajarme… están… están… es que no puede ser, no puede pasar… tienes que despertar cabrón… tienes que despertar… Bien, tengo… tengo que controlar la respiración. No puedo, no mames no puedo, ¡NO PUEDO!-

Siente movimiento. Claramente hay alguien que está orquestando esta pesadilla, hay un responsable de esto, como en todo lo que ha vivido, Rodríguez sabe, a ciencia cierta, que hay un responsable, o varios, de lo que sucede en la vida.

El entumecimiento de las manos empieza a ceder, pero es tal la lentitud con que lo hace, que la respiración ya le ha lastimado, tanto que el pecho arde con cada bocanada; casi como si el aire hubiera adquirido el doble de espesor, como si se hubiera convertido en un ente que demanda su espacio y que está dispuesto a tomarlo a costa de lo que sea, incluso y sobre todo, a costa de Rodríguez.

No hay aire… ya no hay aire. Abro los ojos, o los cierro. No puedo respirar con la nariz, pero la boca sí consigue un poco de oxígeno. Mónica… qué fue de Mónica… Mónica y su pasión por el orden… No, no le gustaría que le llamara, ni siquiera ahora-.

El movimiento es espaciado, casi convulso y totalmente autónomo; quizá un tanto similar al vuelo de algún ave, piensa, pero no puede hacer más que presenciar el movimiento de su entorno invisible en el más profundo silencio que ha conocido. Choca, se escucha metálico, se escucha terroso.

El sueño que tuvo nunca se fue, y ahora viene a redimensionar la tragedia y a embelesarla con posibilidades infinitas; la montaña otra vez se difumina con el azul celeste, una bóveda de belleza estrellada que, plácida, le sonríe desde la lejanía.

Un rumor de tibieza que le escala la nuca y se le acomoda en el pecho. La suave caricia de una brisa esperada pasa por su cabello y lo seduce gentilmente.

Casi ni percibe que sus manos ensangrentadas están enterradas en un tablón de madera que yace encima de su cuerpo lánguido.

Las gotas de sangre se sienten escurrir entre los dedos, y los gritos, los gritos de Rodríguez no son tan ensordecedores como él cree, apenas los percibe.

Las pasturas le acarician las plantas de los pies, el tintineo de los matices del dorado solar se junta danzante y repiquetea en los ojos… el movimiento libre y desenfadado siempre le recuerda a Mónica, le recuerda el aroma de la desnudez de Mónica, le recuerda lo controvertido del amor, y lo afable de su amante, su risa coqueta y su voz queda.

Ni siquiera repara en el hecho de que hubo más choques que arremetieron contra él, que el hormigueo nunca cesó porque no era de adormecimiento, sino porque eran (son) hormigas que, trabajadoras, transportan los diminutos montículos de tierra que se han filtrado y caído en la superficie de su cuerpo.

Nada duele, pero nada se siente. Un estado de liviandad que confunde; un poco de embriaguez y un poco de somnolencia. Las cuerdas vocales se han convertido en un torrente de ácido que escupe fuego y después lo ingiere de nuevo, fuego que después se incorpora al volcán en la cima de la montaña.

Y la bóveda, y los gritos, el pasto, las hormigas, y Mónica… qué sueño, qué cansancio.

Un poco de luz se asoma…